Tan extrañamente alegre dolorosa,
como al caer la tarde
me sofoco entre la dureza del teclado
y la pérdida de mi memoria,
la fría pantalla de un computador portátil
cobra entonces el lugar de mi cabeza,
y dejo de pensar, para quedarme observando,
de nuevo dolorosa sofocada
tu rostro muerto
que me saluda
detrás del vidrio distante
de la maldita pantalla
Escrito por Liz Matta Durán.
Escrito por Liz Matta Durán.
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